Cuando las “calles” no llevan a Roma: vías de la neurotipicidad y de la neurodiversidad.

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Una frase usual del habla peruana, cuando se quiere aludir a alguien carente de experiencia en la vida, es “le falta calle”. Se une, así, a expresiones como “la escuela de la calle” equivalente a “la escuela de la vida”, fundándose en la creencia de que lo que hay que saber sobre ésta trascurre fuera de los muros de casa.

Evidentemente, se trata de una construcción de corte machista pues no es lo mismo, en el imaginario, un “hombre con calle” que una “mujer con calle”.

Traemos esta expresión porque en las personas con Asperger, más que en otras dentro de las Condiciones del Espectro Autista, muchos padres, sobre todo hombres, cuando acuden a consulta por un diagnóstico suelen manifestar: “yo creo que le falta calle” como justificación a la falta de “pericia” en el manejo de las habilidades sociales.
Incluso una vez explicado y conocido el diagnóstico seguirán insistiendo, algunos, en que quizá muchas cosas se arreglarían si “salieran” más.

Estructura machista y normalizadora, sin duda. Además, uno de los inconvenientes para el diagnóstico en mujeres con Asperger y explicación del por qué la mayoría sean tardíos.

La incidencia del autismo en mujeres, hace unos años, era dada por una ratio de 5 hombres por mujer con esta condición. Un artículo de Baron-Cohen, Meng-Chua y Buxbaum, de este año, muestra que la proporción ha aumentado siendo de 3 hombres por mujer. No ha aumentado el número de mujeres con Autismo, ahora se diagnostican más, sobre todo en el grupo de quienes tienen Asperger.
La idea de que un hombre debe “tener calle” y de que una mujer “no debe de tener calle”, como creencia, hace que los niños que tienen dificultades en la interacción social sean causa de preocupación y llevados a diversas consultas. Una niña que muestre determinado retraimiento frente al común de niñas será tipificada como “tímida” y, con mayor confesión que secreto, se dirá que es preferible que se quede en su casa, que no salga, que no está expuesta a los peligros de “la calle”.

En esta misma línea, si ya para el niño neurotípico con tendencia introvertida es motivo de sufrimiento tener que ser algo que no es, como el “matoncito” del barrio para alivio de sus padres, imaginemos esto en una persona neurodiversa, concretamente con Autismo/Asperger.

El tipo de “saber acerca del mundo” (que es lo correcto y no “tener calle)”), sobre cómo funcionan los otros (comprender sus intenciones) y los objetos y herramientas (desde el lenguaje hasta una pelota) no son procesados de la misma manera que la neurotípica en las personas Asperger/Autista. El tipo de saber que buscan es aquel que hace perspectiva con sus intereses. De la realidad, le interesa una porción, la cual se torna un “saber enciclopédico” hacia los temas de predilección.

Antes se usaba el término “ceguera mental” para definir las supuestas dificultades de empatía en el Autismo/Asperger. Si este término debiese ser resucitado sería para los neurotípicos en su afán normalizador: allí si hay una verdadera desconexión del circuito de la empatía convirtiendo en objeto a la persona que se pretende normalizar.

Ninguna persona con Asperger/Autismo nos pedirá (no se les ocurre) que modifiquemos nuestros procesamientos mentales para que tengamos un estilo basado en la sistematización como el de ellos. Los neurotípicos, con su “inclusión” (que no “convivencia”) entendida como estandarización, intentan que los caminos, sus “calles”, sean idénticos. Ni todos los caminos conducen ni todos desean llegar a Roma. Tampoco hace falta salir de casa para conocer el Universo. Menos en tiempos de electronalidad.

Ernesto Reaño

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