Wittgenstein: neurodiversidad y metonimia en el Autismo.

(Aparecido por primera vez en: http://www.puntodeencuentro.pe/columnistas/ernesto-reaño/wittgenstein-neurodiversidad-y-metonimia-en-el-autismo.html)

Muchas veces nos topamos con listados de personalidades que, en el pasado, se sospecha fueron Autistas/Asperger. Otras, con detalles de quienes en tiempos actuales podrían serlo.

Hacer diagnósticos post-mortem siempre es una tarea arriesgada.

Un antiguo método es la llamada psicobiografía: la recopilación de datos y testimonios sobre determinado personaje que suponemos fue neurodiverso.

Sabemos que los genes del autismo han acompañado la evolución humana desde un inicio, asentándose, como explica Griswold, no tanto en mecánicas naturales sino en el impacto que el desarrollo cultural tuvo para el cerebro humano. Grandes saltos que sobrepasan los límites de la evolución biológica usual.
Cerebros sistematizadores, lo hemos anotado antes, debieron de estar presentes en el descubrimiento del fuego, la domesticación de frutos y, en los sistemas orales, los sabios y chamanes suelen ser neurodiversos.
Ejemplo de análisis psicobiográficos importantes, al hablar del Autismo/Asperger, son los trabajos de Michael Fitzgerald sobre esta condición y creatividad.

La teoría de la electronalidad, tal como la hemos vinculado con el Autismo/Asperger, describe un ello en perspectiva (el Yo se centra en sus propios intereses con más fuerza subjetiva que la usual), el procesamiento de la información se da por contigüidad (metonimia), es decir, las asociaciones no se basan en las semejanzas de una imagen mental a otra sino en el pensamiento en detalle sobre los objetos. Consecuencia es una lógica yuxtapuesta, coordinada, donde los elementos se sobreponen uno a otro: como la Gestalt autista, que va de las partes al todo.
Un caso de ordenamiento metonímico del pensar es el los escritos de Ludwig Wittgenstein.
Un texto, tal como se concibe en la lógica subordinante escribal se presenta como una estructura cuyos elementos dependen unos de otros, en jerarquía. Sus textos, en cambio, formados de aforismos, pueden dar la apariencia de un análisis lógico cuando lo son, sólo, por contigüidad de las ideas.

Según un ilustrado análisis de Fitzgerald, Wittgenstein era Asperger.
Como en otras personas neurodiversas, su vida fue una lucha contra el férreo sistema escribal; en su caso, contra los retruécanos filosóficos, contra la sospecha frente a su aspecto desgarbado, su timbre de voz inusual, su hablar solo, su alteración de humor frente a lo que consideraba equivocado y su inflexibilidad radical.
Lucha permanente y “demencial” por encontrar un lenguaje que, primero, describiese sin ambigüedades el mundo; luego, su interés decidido ya no en el “porqué” de la palabra sino en “cómo” la usamos, base de su tesis sobre los juegos del lenguaje.
Si uno ausculta bien las preguntas que sobre el uso del lenguaje Wittgenstein se plantea, descubrirá que no son muy diferentes a las que se hace cualquier persona Asperger en relación con el uso neurotípico, tratando de desentrañar las reglas, las formas inferenciales que le permitan “jugar” en nuestro sistemas de signos y ganar, si es posible.
“El sujeto que piensa, que tiene representaciones, no existe. Si escribiese un libro que tuviera por título “El mundo tal como lo encontré” tendría que informar en él sobre mi cuerpo y decir qué miembros estaban a mi volundtad y cuáles no, etc.” – señala en el Tractatus.

A través de la escritura en fragmentos que buscan contigüidad, de comprender las reglas que posibilitan el entramado de la comunicación lingüística, entender ese halo metafórico que tendía a comprender de modo literal, he allí que nace la genialidad neurodiversa: sólo quien conoce a profundidad un sistema puede encontrar en qué se diferencia de otro, y con ello, en qué difieren para buscar qué habría que cambiar para que fluya mejor. Así nacen parte de los descubrimientos, los inventos, las grandes creaciones. Y hace que la perspectiva neurodiversa, cuando se le ha permitido crear, sea plena. Y en el caso del Autismo, la fijación a los detalles, a este procesamiento metonímico, tiende a borrar el recuerdo de los infortunios cotidianos. Un detalle brilla por sobre el todo ingobernable: “diles que mi vida ha sido maravillosa”, fue la ficha que Wittgentein colocó en el escaque final.

Ernesto Reaño

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