Sin uno, no se puede lo otro

Es imposible querer reivindicar a la comunidad autista peruana cuando se mantienen prejuicios hacia otros grupos discriminados. Ya lo hemos afirmado previamente, y necesitaremos reafirmarlo cuantas veces resulte necesario.

Entre las múltiples disonancias cognitivas que debemos evitar, esta es una de las más cruciales. ¿Qué puede llevar a pensar que el movimiento LGBT resulta un peligro social que no resulte más o menos equivalente a los prejuicios contra el espectro autista y quienes nacieron con tal condición? ¿Cómo puedes oponerte a formas de violencia estructural cuando se condona otras? Lo más importante: ¿Cómo se podría justificar tal doble rasero?

Si se insiste en el discurso infantilizante de que “los autistas están confundidos” y que quieren ser deliberadamente quieren ser “confundidos” por la “dictadura progre”, el “lobby LGBT” o alguna otra ficción, creo que, antes de abogar por las personas autistas, debe reflexionar sobre sus propios prejuicios, sus propias ideas formadas sobre fundamentos erróneos. Solo así podrá ayudarnos genuinamente.

¿Esperaremos a que ocurra lo peor para, de una vez, optemos por cambiar nuestra mentalidad y los actos que conlleva? ¿Seguiremos en nuestros prejuicios y justificándolos mediante disonancias cognitivas? Más nos vale decidirlo ya.

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