Recordatorio de nuestro compromiso con la neurodiversidad

Empezamos 2021 con fuerza. Pese a los trises contratiempos que encontramos por estos días, nos hemos propuesto seguir con nuestra labor de ayudar a la comunidad autista. Y tal labor requiere que tengamos siempre en cuenta por qué necesitamos del concepto de “neurodiversidad”, así como por qué lo defendemos.

Con el concepto de “neurodiversidad”, aceptamos que habrá tipos de mente diferentes como parte intrínseca de nuestra especie. En este sentido, le activista Christa Holmans nos recuerda que el concepto de neurodiversidad no niega las dificultades en la experiencia de una persona autista por su cerebro neurodivergente. Nadie podría negar que se tratan de dificultades genuinas. Sin embargo, el aceptar tales dificultades y problemas no niega el hecho de que existen cerebros diferentes, que tales configuraciones neuronales de nacimiento no serán siempre agradables o fáciles de sobrellevar. La solución, por ende, recae en aceptar tal diferencia y esas dificutades. No se debe pretender que habrá una persona sin tales problemas, los cuales también se pueden encontrar en muchas personas neurotípicas.

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Foto de Sharon McCutcheon en Pexels

De esa misma manera, la activista Emily Paige Ballou nos recuerda que la aceptación de la diferencia con las difucultades que trae no cotradice el ayudar a mejorar sus condiciones de vida. Por un lado, por todo el estrés y malestar generados por tratar de “parecer normal”, en el caso de que al individuo neurodivergente pueda conseguirlo; por otro, implica que la aceptación equivalga a la negligencia. La presencia de, si quiera, una insinuación de la última suposición debería llevarnos a cuestionarnos seriamente los conceptos de “normalidad” y “diversidad” que seguimos manejando.

De esta manera, Holmans nos recuerda por qué los individuos y organizaciones tienden a una perspectiva positiva sobre el autismo y otras divergencias neuronales: “porque lo necesitamos“. Tal perspectiva lleva a la aceptación, a no vernos como una versión defectuosa o incompleta de individuos neurotípicos, de lo cual puede surgir la autoestima. Es ingenuo, a estas alturas, creer que la especie humana tiene una forma “ideal” de mente, la considerada “normal”, y todas las demás son versiones imperfectas de esta. Y en esta búsqueda de defectos, de lo que anda mal, se deja de lado que las personas autistas y neurodivergentes también saben cuando son vistas con rechazo o cuando se las considera menos; tales problemas de autoestima dificultarán un desarrollo adecuado. No queremos llegar a ese círculo vicioso de prejuicios.

Esta perspectiva, como nos recuerda el activista Mike Stanton, involucra un cambio de actitud por parte de la comunidad de profesionales. Se necesita tener en cuenta que las personas autistas son también seres sociales, que el entendimeinto mutuo lleva a mejores resultados. Sabemos que no será un proceso inmediato, pero sí uno que valdrá la pena y nos permitirá mejorar como seres humanos. Parafraseando a Holmans: la neurodiversidad es la clave de la aceptación, una herramienta indispensable, y por eso se vuelve tan necesaria.

Y por eso, seguiremos insistiendo con ella en EITA. La neurodiversidad es el futuro al que aspiramos, y no nos conformaremos con sucedáneos.

Referencias

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