Reconceptualizando la teoría de la sistematización – empatía en el autismo

Esta teoría es la continuación de la “teoría de la mente” en Baron-Cohen, la cual empezó llamándose de la “ceguera mental” y que enunciaba que las personas autistas tienen un déficit en la teoría de la mente (la capacidad de comprender intencionalmente la conducta de los demás y, por extensión, de comprender los gestos asociados a las emociones).

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Foto de Pixabay en Pexels

Con el tiempo, se sustituye el constructo de “teoría de la mente” por el de “empatía”. Esta es dividida en 2 aspectos: el cognitivo y el afectivo. Las dificultades de la persona autista estarán en el primero y no en el segundo.

El problema es que esta distinción no es clara y da la impresión de que las personas autistas tienen, de por sí, una baja empatía, abonando el mito de que son seres distantes y fríos, autocentrados y egoístas.

En todo caso no es ni siquiera la empatía cognitiva la que está en juego (tampoco lo era la “teoría de la mente” ni eran “ciegos mentales”) sino el procesar los códigos sociales neurotípicos. Esto no es un déficit sino que supone un tipo de “cableado”, de programación, diferente.

Años de conocer y de trabajar con personas autistas me permiten imaginar una sociedad donde ellos fuesen la mayoría. Una sociedad que funcionaría centrada en otros intereses y metas, ciertamente. Si podemos imaginarlos construyendo una sociedad, luego, es imposible que tengan problemas de empatía o de teoría de la mente. Esta, más bien, está apuntalada en los intereses profundos y la capacidad de sistematizar yen la demostración del afecto de modo distinto.

En nuestra teoría de la electronalidad subrayamos que la mente autista no busca necesariamente comunicación con el mundo neurotípico sino, de manera más amplia, conectividad. Y que la comunicación se da cuando el interlocutor focaliza en sus intereses profundos.

Si tengo una mente cableada para sistematizar información en base a focos predilectos, asociados a una gran capacidad de memoria, si esa es la función de mi mente, socializar al modo neurotípico sería como un “virus” en el sistema que no permitiría que funcione correctamente.

Pequeños aprendizajes del modo de procesamiento neurotípico pueden ser instalados para mantener la conectividad, pero querer cambiar todo el sistema operativo no sólo es imposible sino ilógico. Es como ser una Mac en un mundo de Windows… o viceversa y querer que una haga lo que haga la otra.

Ernesto Reaño

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