Reconceptualizando la teoría de la sistematización – empatía en el autismo (parte 2)

En la génesis de la mente autista no se da, como en la neurotípica, la aparición de la llamada “escena de atención conjunta”. Esta emerge (alrededor de los 9 – 12 meses) y supone, en líneas generales, la capacidad del niño para comprobar la atención del adulto y seguir la mirada de éste. De ella surge el aprendizaje por imitación, por ejemplo.

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Foto de Pixabay en Pexels

Para la mente autista el foco de atención se da, desde un inicio, más objetos y menos en rostros humanos. Nuevamente, debemos entenderla como cableada de manera diferente. La atención se dirige al otro en la medida que existe un elemento de interés que los reúna. Centrarse en temas profundos de interés convoca a sistematizar, a encontrar en ellos más lo que los asemeja aquello que los hace diferentes (pilar par entender la verdadera función de las cosas), por ello el tipo de aprendizaje es más autodidacta que imitativo.

En suma, la interacción en el neurotípico estará dada por el aprendizaje de determinadas normas sociales basadas en un saber acumulado de cómo funciona – para la mayoría- el mundo. La interacción en el autista está basada en un saber sistemático y “enciclopédico” sobre cómo funcionan los objetos y temas de interés y que lo mantiene (o no) en conexión con los demás.

Pero esto no tiene mucho que ver con la “empatía”. Este término empezó a tener el significado que hoy le damos a partir del siglo XX debido a su uso en la psicología.

“Empatía” en griego significaba “pasión”. ¿Alguien conoce, acaso, algo más apasionado que la mente autista?

Ernesto Reaño

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