Pronunciamiento por el 2 de abril

Este será un Día internacional de la concienciación sobre el autismo (2 de abril) muy diferente del que habríamos pensado hace tiempo. Sabíamos que la pandemia de COVID-19 y las medidas necesarias para minimizar sus perjuicios, pero la experiencia todavía nos resulta complicada. No obstante, nos ha permitido darnos cuenta de muchas oportunidades para el futuro de las personas autistas en el país y en el mundo.

Para decirlo con brevedad: se nos ha lanzado a la “Era electronal” de porrazo, tuvimos que armar casi todo sobre la marcha. En este contexto, como personas autistas, hemos enfrentado nuevos y muy exigentes retos no solo en los ámbitos educativos laborales, sino también dentro de nuestros ámbitos sociales y psicológicos. Ya no solo se trataba de preparar cambios a la rutina, se trataba de crear una nueva, de saber que nuestra ya limitada vida social iba a transformarse en una mucho más distante, menos directa. Nos pudimos acostumbrar, pero nos costó, y ahí seguimos.

Paradójicamente, tales circunstancias, en medio de fallecimientos e inestabilidad sociopolítica y psicológica, nos han llevado a explorar mejor nuestra relación con medios y otras personas. Nunca se ha de olvidar los problemas que las personas autistas solemos tener a la hora de interactuar cara a cara, la forma privilegiada de interactuar en sociedades como la nuestra. De pronto, la comunicación por computadora se pudo volver un alivio, una forma de evitar malentendidos y de tener una forma de comunicación más ordenada y sistemática, por lo menos en muchos aspectos. Ahí podemos encontrar una fortaleza para interacciones sociales y formas de trabajo futuras que beneficiarán a nuestra comunidad.

Source: Yulia Buchatskaya / Shutterstock

No obstante, también hay problemas que resolver. Por un lado, la desestructuración del contacto personal  y el tener que asumirlo como videollamadas u otras formas de comunicación en diferido nos han afectado, han cambiado lo que dábamos por hecho y, en más de un caso, nos han llevado a una sensación incrementada de soledad. Por otro, el tener que organizar nuestros ámbitos privados e íntimos para la educación o el trabajo resulta difícil e incómodo, más todavía cuando no sobra el espacio físico. Estos y otros desafíos se han vuelto parte de nuestra cotidianeidad, y valdrá la pena elaborar estrategias para resolverlos.

Con todo lo mencionado, no tendrá sentido que pretendamos “volver a la normalidad“, busquemos que la ”nueva normalidad“ sea genuinamente inclusiva, pueda aprovechar mejor los medios electronales y permita a nuestra comunidad autista, comunidad vejada hasta el momento, la oportunidad de participar de una vida social fructífera y, con ello, guiar cómo deseamos que se nos conozca y qué necesitamos.

Podemos crear un mundo mejor para las personas autistas. Tenemos una oportunidad, de la que buscamos ser protagonistas y ayudar a quienes ya trabajan en ello. Esperamos tener el apoyo de quienes también buscan un mejor futuro. Solo de esta manera, lograremos una aceptación social plena del autismo.

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