Preocupaciones sobre la inclusión de la comunidad discapacitada (Jim Sinclair, 1998)

En el Primer Encuentro Internacional: “Hacia una mejor comprensión del Espectro Autista, afirmé, en líneas generales y que es parte de un artículo en curso,  que pasados 20 años de la Declaración de Salamanca, debemos centrarnos en ciertas realidades:

– La palabra “discapacidad” deberá ser reemplazada por la de “diversidad” (biodiversidad, neurodiversidad…)

– La idea misma de “inclusión” supone un paradigma no sólo vencido sino moralmente irrealizable: “inclusión” hace alusión a “clausura”, significa “enclaustrar”, poner algo dentro de los límites. Dentro del caso educativo: cuáles límites? Los de la neurotipicidad? Los de la normalización?

“Inclusión” y todo el paradigma que supone deberá ser reemplazado por un modelo de “Convivencia”. La sociedad es diversa en sí, esa es su mayor riqueza. La escuela ha de ser diversa en sí y en ella han de convivir todos. Bajo esta óptica podremos no sólo crear modelos sino legislar ya no para que las escuelas acepten “cuotas” de “incluidos”, sino derribar en sí los filtros de la “normalización” y entender que sin diversidad estamos condenados al fracaso como sociedad.

El texto que presento, en español, de Jim Sinclair, es de una lucidez impactante pese al tiempo pasado (uno de los primeros textos en señalar las problemáticas de la “inclusión”) Así como Sinclair usa el término “autista” en vez de “persona con autismo”, de la misma forma usa “discapacitado” en vez de “persona con discapacidad” (pese a lo anticuado del término, a nuestro entender, 15 años después). Recordemos que Jim Sinclair es una persona autista, activista, psicólogo y educador.

Ernesto Reaño, junio de 2014.

—————————————————

Preocupaciones sobre la inclusión de la comunidad discapacitada (Jim Sinclair)

No conozco ningún partidario, en el seno de la comunidad de personas discapacitadas, que crea que la integración no debería ser una opción disponible. Los defensores de la discapacidad creen que las personas discapacitadas deberían estar prestos para ir no importa dónde y hacer no importa qué en la sociedad establecida. Entre las personas discapacitadas, incluso los críticos más virulentos de la inclusión, protestarían sin duda contra cualquier permiso dado a los distritos escolares, y otras instituciones de la comunidad, autorizándolos a excluir o aislar a determinadas personas que desearían ser incluidas. La inclusión DEBE ser una opción disponible para aquellos que la escogen.

De todas formas, hay preocupaciones al interior de la comunidad de personas discapacitadas respecto a que la inclusión no es siempre la mejor posibilidad para toda persona con una discapacidad y que la inclusión involuntaria es tan problemática como la segregación involuntaria. Algunas inquietudes frecuentes respecto del tema sobre inclusión suelen ser:

1) La importancia dada a estar con personas sin discapacidad lleva la implicación de que otras personas discapacitadas– personas como nosotros – son menos deseables para estar. Esta devaluación de las personas discapacitadas esta indicada, explícitamente, en los debates sobre la importancia de modelarse sobre los comportamientos típicos (es decir, el comportamiento de las personas no discapacitadas) en lugar de acompañar a otras personas discapacitadas porque pueden “atrapar”, mas bien, comportamientos característicos de personas discapacitadas, considerados automáticamente como indeseables. Incluso cuando no se dice explícitamente, y se subraya la importancia del contacto con determinados pares simplemente porque no son discapacitados, se transmite un mensaje sin equívoco: que las personas discapacitadas no son deseables en tanto que pares.

2) Los partidarios de la inclusión subrayan frecuentemente la idea de que las personas discapacitadas, en contextos integradores, deben aprender a mirar y actuar de forma más normal. Esto puede producirse, pero una experiencia común a muchas personas con una variedad de diferentes discapacidades es que el objetivo de ver y de actuar “lo más normal posible” está frecuentemente ligado al detrimento de poder funcionar tan bien como sea posible con su discapacidad. Adaptarse, acoger, y hacer frente a una discapacidad necesita frecuentemente enseñar a hacer cosas de forma diferente que los no discapacitados.

3) Donna Williams ha señalado que “lo normal es estar en compañía de aquellos que son como uno”. Cuando los discapacitados pasan todo su tiempo en contextos integradores, incluyendo, sobre todo, a aquellos que tienen una discapacidad poco común (como el autismo) tienen poca o ninguna posibilidad de estar en compañía de otras personas como ellos. Esto aumenta, probablemente, antes que prevenir, los sentimientos de aislamiento y alienación.

4) Precisamente, por estar con pares no discapacitados no significa que automáticamente se producirán lazos de comprensión mutua. Por ejemplo, en una sala de clase integradora donde haya un estudiante sordo, es muy poco probable que muchos alumnos oyentes – o incluso la mayoría del personal – hablen fluidamente el lenguaje de signos. De esta manera, las posibilidades para la comunicación dentro de un medio natural son muy limitadas. Exigir un intérprete adulto para facilitar la comunicación con los pares no es propicio para una plena inclusión social.

5) Estar en un grupo de pares donde encuentre siempre las cosas más difíciles que en cualquier otro lugar, tener siempre más necesidad de ayuda que cualquier otro, deber siempre trabajar más fuerte que cualquiera, realizando los más lentos progresos, no es propicio para el desarrollo de una imagen positiva del auto-concepto.

6) Las disposiciones de inclusión son concebidas por, y principalmente previstas para, personas que no tienen necesidades especiales. No siempre se cree posible tener en cuenta las necesidades de cada persona con todos los tipos de discapacidad dentro de un entorno determinado, sobre todo si las personas que regulan este entorno no comparten una comprensión personal de lo que son las necesidades especiales y por qué son importantes. En consecuencia, la calidad de la educación es frecuentemente sacrificada al ideal de inclusión.

Ejemplos:

a. Los estudiantes ciegos, en los programas de inclusión, reciben con frecuencia menos instrucciones sobre orientación y desplazamiento que los estudiantes ciegos en los programas especiales para ciegos; y posiblemente no se les enseñe en braile.

b. Los estudiantes sordos tendrán que utilizar la palabra y la lectura labial para todas las comunicaciones, incluso si esto conduce a una comprensión severamente limitada.

c. Los estudiantes sordos son susceptibles de tener menos posibilidades de aprender y de utilizar la lengua de signos en los programas inclusivos que en las escuelas especiales para sordos, lo que puede conducir a carencias a largo plazo en la competencias comunicativas.

d. Incluso si un alumno sordo utiliza fluidamente la lengua de signos y un intérprete estuviera presente en un aula de clases inclusiva, el estudiante es susceptible de perder una buena parte del contenido del curso puesto que no le es posible visualizar, simultáneamente, al intérprete, mirar las ayudas visuales presentadas por el profesor y participar en las actividades pedagógicas.

e. Para las personas en las que la discapacidad implica importantes problemas sensoriales, como lo es el autismo, los entornos involucrados son frecuentemente pesadillas de bombardeos sensoriales continuos que interfieren con el aprendizaje y causan displacer o dolor constante.

f. Personalmente, he pasado toda mi carrera académica, del preescolar hasta el tercer ciclo en aulas en las cuales la luminosidad me impedía la lectura. Si no hubiese tenido el tipo de aptitudes y el tipo de padres que me permitieron aprender a leer en casa, jamás hubiera aprendido a leer del todo.

7) Los profesores y coordinadores de programas de inclusión son en su mayoría no discapacitados. Los programas especializados tienen mayores posibilidades de tener empleados que compartan la misma discapacidad que los estudiantes o usuarios. Esto es importante no sólo por razones de comprensión de parte del personal sobre las necesidades de los alumnos o consumidores sino porque ofrece modelos positivos de éxito de adultos discapacitados actuando en roles de dirección. Personalmente, he oído de tres niños diferentes – dos sordos y un autista – viviendo en tres diferentes países, quienes llegaron independientemente a la conclusión de que las personas con su discapacidad seguramente morían antes de llegar a la edad adulta. Porque no habían jamás visto adultos como ellos, esperaban morir antes de crecer.

http://web.archive.org/web/20080126062446/web.syr.edu/~jisincla/inclusion.htm

Traducción (c) Ernesto Reaño.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *