Repensando empatía y acción

Un post de hace un año sobre un tema que es importante seguir y seguir reflexionando:

Que los neurotípicos tengan un cerebro más empático que el de las personas autistas es algo que empiezo a cuestionar de modo creciente. O, al menos, qué queremos entender por “empatía”.

Si por “empatía” entendemos el relacionar ciertos gestos con determinada emoción, es decir, una lectura cognitiva, quizá esto sea difícil para una persona autista. Si a ello añadimos participar de la perspectiva (emocional) del otro, esto puede ser compartido tanto por neurotípicos como por autistas. Si lo complementamos con ayudar al otro (en la medida de las posibilidades) mi experiencia se inclina negativamente ante los neurotípicos.

Deconstructing Empathy in the Digital Age - Impakter

La empatía neurotípica, como muchas de las fórmulas sociales, termina reducida a una convención que pretende comprender al otro sin hacerlo realmente. “Te acompaño en tu dolor” es una forma de los pésames… ¿realmente quien me lo diga me está “acompañando” realmente en mi sentimiento?

Una mujer autista me decía: “-muchas veces me dicen que soy insensible porque no lloro cuando me cuentan algo triste… pero si lloro ¿cómo podría concentrarme en encontrar una solución a lo que me están contando?”

Otra mujer autista recordaba: “-cuando era niña no consolaba a los otros niños cuando estaban tristes porque cuando yo estoy así no me gusta que nadie se me acerque”.

Es tiempo de empezar a comprender de otro modo lo que llamamos “empatía” y descubrir que la forma como sus mecanismos se procesan en la vivencia autista no sólo son diferentes sino acaso más honestos para la vida cotidiana que los de las personas neurotípicas. Eso lo sabríamos mejor, claro, si las personas neurotípicas tuviesen la empatía de dejar (y garantizar) que los autistas se expresen de manera plena con su propia voz y acción.

Ernesto Reaño

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