Por el 18 de febrero como Día de la Neurodivergencia

El 18 de febrero, desde hace no mucho tiempo, es el “Día internacional del síndrome de Asperger”, en conmemoración de Hans Asperger, el psiquiatra austríaco que investigó aquella condición, ahora parte del autismo, y cuya obra permitió darla a conocer. Sin embargo, a raíz de revelaciones históricas, así como por las realidades y necesidades de nuestros días, consideramos que tal fecha no debería ser conmemorada como tal, sino cambiada a una más apropiada.

Para empezar, hoy en día, sabemos que Hans Asperger, contrario a lo que parecía cuando fue reconocido, no es un individuo digno de admiración. En el libro Asperger’s Children: The Origins of Autism in Nazi Vienna, de Edith Sheffer, se nos revela que Asperger, lejos de luchar por niños considerados “diferentes” o “discapacitados”, había participado de las políticas raciales de la Alemania Nazi, además de, mucho más puntualmente, haber participado activamente del programa eugenésico. El trabajo de Asperger con aquellos jóvenes autistas no fue producto de compasión o acción por la dignidad humana, sino de perverso utilitarismo. ¿Cómo podríamos rendir homenaje a un individuo así? No se lo merece de ninguna manera.

Por otro lado, porque necesitamos dar a conocer que el autismo, como espectro, es uno solo. Lastimosamente, hemos visto cómo se utilizaba el concepto de “síndrome de Asperger” para separar quién sí era el deseable, el “Asperger”, de quien no lo era, el “autista clásico”. Dicha visión no solo resulta inhumana, también va en contra de los objetivos de EITA y, en general, de lo que pretende el movimiento por la neurodiversidad. De poco servirá oponerse a formas de discriminación vistas dentro de la sociedad si seguimos pensando en que un aspecto de la condición sí es visto como intrínsecamente positivo mientras que el resto sigue como blanco de prejuicios y mitos.

Y cabe añadir que, gracias a lo conocido desde la perspectiva de niveles de apoyo, que lo comúnmente asociado con el síndrome de Asperger (inteligencia superior, gran capacidad en su tema de interés, etc.) no resulta una constante. Muchos individuos otrora calificados como “Asperger” también tienen problemas cognoscitivos, otras condiciones que pueden resultarles debilitantes, grandes problemas de cuidado personal y un largo etcétera. Del mismo modo, un “autista clásico” puede ser un individuo de grandes ideas y muy lúcido, pero que requerirá del soporte adecuado para comunicarse apropiadamente. Ambos casos se pueden ver en todas las comunidades autistas del mundo, y en el mundo del activismo. Por tanto, seguir sosteniendo que el síndrome de Asperger es una realidad aparte del conjunto que representa el espectro autista carece de mucho sentido.

Pero queremos ir más allá. Así como se está reconociendo la complejidad y las particularidades del autismo, consideramos que se puede extender a otras condiciones del neurodesarrollo, también estigmatizadas y víctimas de prejuicios. Parafraseando a Temple Grandin, el mundo resultaría insostenible con un solo tipo de mente. Dichas comunidades también son valiosísimas y resultan indispensables para enriquecer nuestra experiencia humana, así como también para guiar a futuras generaciones que buscarán, ineludiblemente, comprender las particularidades de nuestra mente y nuestra realidad. La neurodivergencia, consideramos, es un hecho que merece ser celebrado.

Por los motivos expresados, la infamia de Hans Asperger, la aceptación de niveles de apoyo en vez de “capacidades” o “funcionamiento” y la necesidad de visibilidad para las comunidades neurodivergentes, consideramos que el presente día debe ser conocido como el “día de la neurodivergencia”. No solo para honrar a las víctimas de Hans Asperger, sino también para reivindicar a las otras personas de diversos neurotipos y para mostrar que la comunidad autista es parte de una constante lucha por el reconocimiento de que la mente humana es un elemento diverso y amplio, cuyas variantes merecen respeto.

Unámonos por la neurodiversidad y por el cambio de mentalidad necesario para apoyar toda neurodivergencia. Conmemoremos, por tanto, el Día de la neurodivergencia.

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