Neurodiversidad y mitos: el fraude de la relación entre vacunas y autismo.

(Aparecido por primera vez en: http://www.puntodeencuentro.pe/columnistas/ernesto-reaño/neuroidversidad-y-mitos-el-fraude-de-la-relación-entre-vacunas-y-autismo.html)

En febrero de 1998 el gastroenterólogo británico Andrew Wakefield, en una conferencia de prensa en el Royal Free Hospital de Londres, anunció las conclusiones de un estudio sobre la Vacuna Triple Viral (sarampión, rubeola y paperas, conocida como la MMR por sus siglas en inglés): había descubierto, junto a sus colegas, un síndrome que aparecía 6 días luego de la vacunación desarrollando una grave inflamación intestinal. Esto había sido cotejado en 8 de los 12 niños con los que contaba la muestra de su estudio.
Ese mismo día la revista The Lancet publicaba un artículo de Wakefield sobre el tema.
Lo que habría de causar revuelo sería un punto específico del estudio: 9 de los niños del estudio tenían de autismo, el cual se había presentado entre 1 y 14 días luego de la vacunación. Según Wakefield la vacuna (especialmente la del sarampión) dañaba el intestino permitiendo que proteínas nocivas ingresasen al torrente sanguíneo, accediesen al cerebro provocando un daño neuronal que, como consecuencia, producía el autismo.

No importaron las demostraciones que diversos científicos trataron de esgrimir oponiéndose a Wakefield, entre ellos Nicholas Chadwick, bioquímico que trabajaba con éste, y que había realizado biopsias de intestinos de 12 niños autistas buscando rastros de sarampión dejados por la MMR sin encontrar nada. La psicosis colectiva estaba ya instalada y las tasas de vacunación de MMR cayeron a menos de 80% en Inglaterra y Estados Unidos causando un margen de mortandad insólita hasta hacía algunos años: niños fallecidos a causa del sarampión y de la rubéola.
Como si fuese poco, en julio de 1999, la Academia de Pediatría de Estados Unidos y el Servicio de Salud Pública de este país emitieron un informe sobre el timerosal (un conservante que contienen muchas vacunas y derivado del etilmercurio) advirtiendo que podía causar daños cerebrales. Fue corto el lapso para que esto se fundiese con la teoría de Wakefield (aunque la MMR no utilizara dicho componente entre la lista de sus conservantes).
El fraudulento Informe Wakefield ha sido puesto al descubierto, con rigurosas pruebas científicas, por el Dr. Offit en su libro: “Los falsos profetas del autismo”.

Igualmente, una investigación del periodista británico Brian Deer, publicada en The Sunday Times de Londres, reveló que los chicos que Wakefield describiera en el estudio de The Lancet no habían acudido a su hospital simplemente para recibir una vacuna. Por lo menos cinco de ellos eran clientes de un abogado que trabajaba en un caso contra fabricantes de vacunas, argumentando que MMR había causado el autismo de los niños.
Además, dos años antes de dar a conocer su artículo en the Lancet, Wakefield había recibido 55.000 libras esterlinas de la organización británica Legal Aid Board, que apoya investigaciones relacionadas con demandas legales. Tras reunirse con Deer, Richard Horton, editor de The Lancet, declaró a la prensa británica: “De haber sabido lo que hoy sabemos, no habríamos publicado la parte del artículo que hace referencia a MMR… Hubo serios conflictos de interés”. El 6 de marzo, 10 de los 12 coautores de Wakefield se retractaron formalmente de la sugerencia hecha en el artículo en torno de la vinculación de MMR y autismo.

Lo que ocurre es bastante más simple: los rasgos más saltantes de las Condiciones del Espectro Autista suelen aparecer (por cuestiones del neurodesarrollo) aproximadamente en la edad en que se suelen aplicar vacunas: hubieran aparecido de todos modos. Tal como se demostró en el estudio de Yokohama, en Japón: sobre la base de 30 mil niños se comparó entre los que optaron por vacunar a sus hijos y los que dejaron de hacerlo; las tasas de autismo prevalecieron iguales en ambos grupos. Experimentos similares se han dado en otras partes del mundo. En 2002, Brent Taylor, de Royal Free, estudió 473 casos donde no se encontraron diferencias en las tasas de autismo entre quienes recibieron la MMR y los que no.
Científicos finlandeses hicieron un estudio con 2 millones de niños llegando a la misma conclusión.
¿Seguimos, entonces, dejando que mueran niños por falta de vacunas? ¿Seguimos creyendo que el autismo es una enfermedad y no una condición del neurodesarrollo? Debemos estar vacunados, sí, contra los charlatanes de las “curas” del autismo.

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