¿Neurodiversidad o discapacidad?

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El movimiento de la neurodiversidad apareció en los años noventa del siglo pasado de la mano de personas autistas que no se sentían representados por el moviento de la discapacidad.

El movimiento de la neurodiversidad es una alternativa al modelo social de la discapacidad. No busca cuotas ni leyes que busquen nivelar la situación equiparándola a los neurotípicos sino la consecución de derechos propios; no como “discapacitados” sino como “neurominoría”.

Efectivamente, la neurodiversidad sostiene que existen conformaciones cerebrales distintas y que ninguna es mejor que otra; están cableados para funcionar para diversos objetivos precisos -como los sistemas operativos-. Ni el déficit de atención, ni el autismo, ni la dislexia, etc. son versiones dañadas, deficitarias o menos capaces que el cerebro neurotípico; cada uno de ellos funciona para aquello que la evolución ha diseñado y debe ajustarse el entorno para su pleno desarrollo y éxito.

El cerebro neurotípico, su funcionamiento y expresión, desde la neurodiversidad, no es la medida de todas las cosas ni la aspiración a realizar; es, simplemente, una forma de funcionamiento más.
La crisis del calentamiento global, por ejemplo, es muestra de los defectos del mundo neurotípico, de que no hay un único funcionamiento a seguir.

La neurodiversidad persigue derechos civiles para cada neurominoría. Por ejemplo, pensar que la jornada laboral para los autistas debe ser menor y con el mismo salario si una tarea es realizada en menor tiempo y se requiera mayor tiempo de descanso para equilibrio al trabajador.
No queremos las mismas jornadas ni vida que los neurotípicos sino las propias, adecuadas a las capacidades productivas y creativas del individuo neurodivergente. La neurotipicidad no debe ser el modelo de calidad de vida a aspirar sino que cada condición configura su propia satisfacción de necesidades y posibilidades que sustentan su propio bienestar.

Esta lucha es trasciende, entonces el modelo social de la discapacidad mental para sacar al sujeto de las trampas binarias de lo normal/anormal, capacitado/discapacitado… y darle una ciudadanía justa y real a su diferencia, a la expresión de un funcionamiento distinto, con las posibilidades y apoyos necesarios. No es necesario aspirar ni compararse a la mayoría sino a lo que es propio y es justo por ello.

Ernesto Reaño

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