Neurodiversidad, Autismo y Electronalidad.

Hubo una época en que el humano transitaba por el mundo sin dejar registro de su paso. Momentos claves en que se descubre el fuego, se recolectan, luego, frutos. Emerge la mente y el lenguaje. Doscientos mil años de evolución continua que traían tras de sí seis millones de años de preparación del germen de la diversidad, de la neurodiversidad. No fue, ciertamente, como ironiza Grandin, un sapiens sociable quien descubriese el fuego sino uno que, repetidamente golpease, obsesivamente, con una intrincada decisión, dos piedras. La recolección de frutos no hubiese podido hacerse, salvo riesgo de extinción, sin cerebros sistematizadores que, como aventura Armstrong, pudiesen señalar cuáles eran venenosos y cuáles comestibles, allí donde otros veían dos frutos iguales.

Sistemas orales donde cada persona neurodiversa, cada persona con un tipo de procesamiento diferente encontraba su lugar en la comunidad.

Una vez, el humano creó una herramienta que cambiaría todo: la escritura. Siglos de saber cultural acumulado y trasmitido oralmente pudieron ser codificados y almacenados, ya no en la memoria sino acumulados físicamente. Luego, otra herramienta, la imprenta, selló el cambio por siglos. Para bien o mal. Porque el libro, primer objeto en serie, logró que la herencia cultural del ser humano fuese tan importante como su herencia biológica, destruyendo la otrora diversidad. El libro contenía LA palabra, la imagen y la semejanza, el mundo homogéneo.

Lo diferente,  no tenía ya cabida en este mundo escribal. De lo humano nacen las instituciones asilares, lugares de destierro para quien no fuese el prójimo, el semejante. Nacía, también la idea de normalidad.Recientes investigaciones de la universidad de Edimburgo confirman que los genes de lo que llamamos “talento”, “inteligencia”, “habilidades cognitivas”, están fuertemente relacionados con la genética del autismo. Sin embargo, hasta antes del advenimiento de la internet, el mundo no parecía ser tan amable para las personas con Autismo/Asperger, sujetos a normalización merced a técnicas conductistas y fármacos.

Creamos la internet y con ella la figura del prosumidor: cualquiera podía expresar SU punto de vista por sobre LA verdad. Nuestra representación del mundo ya no persiguió verdades objetivas sino perspectivas del yo. El reino de la semejanza, de lo homogéneo, de la normalidad, cedió ante la diversidad de las opiniones, de las contigüidades que privilegian la convivencia y no la exclusión. Adviene el sistema cultural de la electronalidad, como señalan Juan Biondi y Eduardo Zapata (creadores de la teoría de los sistemas de la oralidad-escribalidad-electronalidad), la experiencia ya no se subordina en bloques delineados sino que va en coordinación, en intersección entre saberes y objetos.

El tipo de mente autista funciona en perspectiva hacia sus intereses, su pensamiento basado en detalles privilegia las asociaciones por semejanza, su manera de conceptualizar el mundo tiende a sistematizar el saber y los objetos, coordinándolos. Pareciera que el viejo mundo oral retorna, como demuestran Biondi y Zapata. Nuevamente se produce sentido en base a la diferencia. La electronalidad, nuestro tiempo, calza con el tipo de cableado de la mente autista (la mitad de quienes trabajan en Silicon Valley tienen alguna forma de Autismo), la neurodiversidad vuelve a encontrar su tierra litoral: ya no para buscar ser incluida sino para convivir.

El hombre vuelve, entonces, a ser medida de todas las cosas. La electronalidad, la neurodiversidad, signan un nuevo humanismo.

Ernesto Reaño

(Aparecido originalmente en: http://www.puntodeencuentro.pe/columnistas/ernesto-reaño/neurodiversidad,-autismo-y-electronalidad.html)

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *