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Teorías conspirativas, posverdad y un mercader del odio.

Conocer al enemigo es fundamental para una lucha inteligente contra

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Teorías conspirativas, posverdad y un mercader del odio.

Conocer al enemigo es fundamental para una lucha inteligente contra la sinrazón. Mucho más todavía cuando se trata de ayudar a grupos históricamente marginados; tal es el caso de las comunidades autistas y Asperger.

Este llamado a la acción, siempre vigente, adquiere mucha mayor importancia en nuestros tiempos. Vivimos, lo queramos aceptar o no, en medio de la vigencia de la posverdad: los hechos objetivos y el conocimiento experto pierden más y más poder frente al sentido común, los sofismas y el autoengaño (este último usualmente expresado mediante teorías conspirativas o prejuicios de la peor índole). Dicha realidad se vuelve especialmente peligrosa para la comunidad neurodivergente, cuyas reivindicaciones van de la mano con el conocimiento científico y los apoyos basados en evidencias.

Y es en el clima de la posverdad, los charlatanes y quienes viven del tremendismo y la irracionalidad extrema han encontrado cómo hacerse notar. Tal es el caso del “conspiracionista” estadounidense Alex Jones, quien ve en todo un enorme plan de una siniestra élite para doblegar y aniquilar a la humanidad bajo órdenes de Satanás; sea desde su sitio Web o su canal de YouTube, no dudará en “informar” la “verdad oculta por las élites globales”. Para el presente caso, nos centraremos en cómo percibe el autismo y cómo lo da a conocer a su público.

Recordemos a Julia, un personaje añadido a Plaza Sésamo en 2015 cuya peculiaridad es su condición autista. Quienes vamos en pos de la neurodiversidad, saludamos tal esfuerzo por visibilizar a los individuos neurodivergentes. ¿Alex Jones? Claro que no. Él usa la oportunidad para despotricar contra la conspiración médica para generar daños cerebrales permanentes. Insistiendo en el mito de la relación entre vacunas y autismo, Jones ve una “normalización” del daño cerebral causado por la “macabra” industria farmacéutica, una gran campaña de manipulación masiva para permitir que se nos “envenene” vía vacunas y, de alguna forma, podamos estar listos para el fantasmal “nuevo orden mundial”.

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Por respeto a nuestro público, no incluiremos enlaces al mencionado vídeo. Se puede encontrar con relativa facilidad.

En toda su repugnante diatriba, Jones deja en claro un elemento común dentro de toda pseudomedicina y toda panacea para “curar” el autismo: el desprecio al “anormal”. Algo tan espeluznante y desconcertante como el autismo jamás podría ser producto de la adaptación humana, tiene que ser una suerte de envenenamiento, una disrupción de las funciones cerebrales. Y es de esperarse tal razonamiento de alguien que lucra constantemente con tratamientos pseudomédicos. Porque solo Alex Jones y sus comparsas tienen la respuesta ante tremendo atentado contra la vida por parte de la medicina científica.

Y ahí entra el peligro de la posverdad y del triunfo del sofisma. Cuando una familia sin entrenamiento para discernir, hambrienta de respuestas, se topa con charlatanes como Alex Jones, quienes brindan respuestas fáciles a cuestiones genuinamente difíciles, se perpetúa una situación discriminatoria. En vez de la aceptación social y el implementar o exigir apoyos para individuos neurodivergentes, hay que desentramar y frenar el complot del nuevo orden mundial para envenenar a nuestros niños. La “anormalidad” se vuelve un elemento inaceptable, una afrenta contra la existencia humana: solo queda el combate frontal contra aquellos enemigos de la humanidad y, en el caso más inmediato, curar al individuo dañado mediante tratamientos “alternativos”, que las mafias médicas no quieren que se sepan.

Por todo lo mencionado, es completamente justo referirnos a Alex Jones como un mercader del odio. El odio y desprecio que fomenta hacia los individuos neurodivergentes forma parte central de sus teorías conspirativas. Queda claro que poco le importa el daño que ocasionará a futuras generaciones de individuos autistas y a quienes lo tomen en serio; mucho más importante es su “misión” para salvar a la humanidad. ¿Quieren una prueba de ello? Busquen su cuenta en Twitter y vean la cantidad de respuestas positivas que tiene. Realmente es un mercader del odio con mucho éxito.

Y no nos engañemos: así desapareciera Alex Jones, vendrían más y más teóricos de la conspiración a revelarnos “verdades” sobre el “nuevo orden mundial” y cómo se nos está envenenando. Es uno de los aspectos más trágicos del zeitgeist en que nos encontramos actualmente.

¿Cómo contrarrestar todas estas amenazas? Lamentablemente, no existe una respuesta sencilla. Requerirá de mucho esfuerzo y dedicación, pero de infinito quehacer intelectual y cognoscitivo. Primero hemos de serruchar el piso a la posverdad, debemos reivindicar el valor del conocimiento científico y de los hechos objetivos por encima de las emociones o el sentido común. Por otro lado, también requiere usar inteligentemente las referencias existentes alrededor del mundo (en eso, especialmente los neurotípicos requerirán de mucho apoyo). Por último, denunciar cada absurdo, cada afrenta, cada discurso de odio y entender que no buscan ser opiniones respetables, sino imperativos a una acción nociva. Se trata de una batalla muy larga y que requerirá de mucho sacrificio.

Y es tiempo de entablar dicha batalla. Para que mercaderes del odio y atizadores de la sinrazón como Alex Jones sean cosa del pasado. Para que los individuos autistas y otros individuos diferentes reciban genuina aceptación y apoyo por parte de sus semejantes. En resumen, para volvernos mejores seres humanos.

Mario Augusto Puga
Activista Asperger

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