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La trágica realidad de la depresión

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La trágica realidad de la depresión

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De más está mencionar el hecho de que las personas autistas constituyen una proporción importante de toda la población mundial. Como gran parte de dicha población, nos encontramos frente a la amenaza de muchas alteraciones mentales que amenazan con destruir nuestra existencia. Es el caso de la depresión, uno de los problemas mentales más frecuentes en los últimos años.

El impacto de la depresión en el Perú no debe subestimarse. Hablamos de una genuina crisis de salud pública en el país. Más de un millón de compatriotas se ve afectado por este trastorno, el cual no recibe el tratamiento necesario, con las graves consecuencias que tal negligencia implica. Una de las más trágicas consecuencias es el suicidio, en que tal enfermedad mental se ha encontrado como la causa de múltiples actos de autoeliminación. Una lóbrega realidad para un país como el Perú, en que la salud mental se ha visto históricamente descuidada.

Entonces, ¿qué hay de las personas en el espectro autista? La National Autistic Society (Reino Unido) nos menciona cómo puede afectar la depresión a las personas en el espectro. Tanto personas autistas como neurotípicas están en riesgo de contraer la depresión, pero la ansiedad ante cambios en sus vidas, así como sensaciones de inseguridad y temor a la incompresión, podrían llevar a que los indviduos autistas afectados se rehúsen a buscar la ayuda necesaria. Asimismo, la dificultad inherente al autismo para identificar las emociones puede llevar a que no sepan qué realmente los está afectando.

El asunto de la depresión en la vida de las personas autistas se complica incluso más cuando tomamos en cuenta la base genética que el espectro comparte con dicho trastorno y con la esquizofrenia, tal como lo reporta la revista Science. Como se perfila dicha situación, nos encontramos ante una dolorosa realidad muy probablemente inherente a la condición humana, la cual puede afecta a individuos neurodivergentes en mayor medida.

A falta de estadísticas confiables sobre cuántos casos del espectro autista existen en el Perú, resulta difícil medir el impacto que la depresión tiene entre la comunidad autista del país. No obstante, tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, ya podemos hacernos una idea de qué realidad tendremos que afrontar.

A estos problemas propios de la psicología humana, debemos agregar la terrible carga emocional en que coexisten individuos autistas y neurotípicos en el país. Wilfredo Ardito Vega nos advirtió en uno de sus ensayos sobre cómo la desigualdad social perenne y otros factores generan un ambiente genuinamente propenso a que la depresión crezca y se desarrolle. Y duele admitir que tales factores continúan pese al desarrollo económico. Y las personas autistas se encuentran vulnerables a dicha lóbrega realidad, como el desempleo y la exclusión social.

Y demás está mencionar uno de los más dolorosos resultados de la depresión. El suicidio es una realidad para las personas autistas, una, de acuerdo con Spectrum News, mucho más de lo que se podría pensar desde el sentido común. En su caso, se suma a su inherente fijación perseverante en un solo tema, de lo cual surge su incrementada vulnerabilidad a los pensamientos suicidas. Como también se menciona en el artículo de Spectrum News, se solía creer que las personas autistas no podían padecer de depresión y, en consecuencia, se ha descuidado bastante el problema. Otra muestra de cómo la interiorización de prejuicios juega en contra de la neurodiversidad.

La solución a tan grave problema pasa por concientizarnos sobre el tema. Necesitamos atender a una población vulnerable en nuestra sociedad y prestar atención a qué podría perjudicar su salud mental. Nos toca la difícil tarea de buscar alejar a los jóvenes autistas de aquellas situaciones que puedan llevarlos a desarrollar depresión o a empeorarla. ¿Resultaría fácil? No realmente, pero sí necesario. Educar es parte de la solución.

Muy probablemente, llegaremos al punto en que las personas autistas necesitarán comenzar a apoyarse entre sí. Porque los problemas socioeconónicos y culturales que suelen condenar a las personas autistas a sufrir de depresión no cambiarán de la noche a la mañana, incluso ante obvios casos de sufrimiento humano. Entonces, ¿tendremos que proponer ayudarnos como comunidad a evitar el sufrimiento de la depresión y a facilitar que quienes la padecen eviten el suicidio o conductas autodestructivas? Todo indica que, hasta que haya cambios estructurales fuertes, será nuestra mejor opción.

Sé que resulta incómodo el tono tremendamente pesimista en que aprecio tal realidad, pero no debe tomarse como resignación. Se trata, principalmente, de un llamado a la acción, de buscar soluciones al drama de la depresión entre las personas autistas. Y a dichas soluciones llegaremos.

Mario Augusto Puga
Activista autista

 

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