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“Atypical” de Netflix: una mirada desde el autismo.

No me resultó fácil escribir sobre Atypical. Por un lado,

“Atypical” de Netflix: una mirada femenina.

Varias personas estuvieron emocionadas con la novedad de Netflix “Atypical”,

La “biomedicina”, la verdadera toxina en el Autismo.

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“Tóxico”, viene del latín ‘toxicum’, ‘veneno’, y en griego τοξικόν aludía al ‘veneno usado para flechas’. En español, su uso ha derivado por caminos semánticos diversos. Así, hoy se habla de “relaciones tóxicas”, por ejemplo, y, de modo general, con todo lo que se empariente con lo dañino.
La vida postmoderna, atenta a los vaivenes de los gurúes de dietas, paranoide de lo “sano”, ha llevado la palabra “desintoxicación” a límites insospechados para la “toxina” de antaño. ¿Quién no ha oído hablar de las “dietas de desintoxicación” hechas a bases de jugos verdosos que prometen limpiar nuestro organismo?

En el mundo del autismo, la idea de “desintoxicación” se relaciona con tres timos “biomédicos”, como reseña Michael Fitzpatrick en su libro “Defeating Autism”. Primero, la idea falsa de que los preservantes en las vacunas, como el timerosal, contienen dosis de mercurio capaces de envenenar al niño causando autismo. Para desintoxicarlo, esgrimen el método de la quelación que eliminará los “metales pesados” que se encuentren en su organismo (sobre este tema volveremos en los párrafos siguientes).
En segundo lugar, los “biomédicos”, asumen que los niños autistas tienen problemas especiales para procesar las toxinas del medio ambiente. Prestos, nos venderán una amplia gama de suplementos vitamínicos, antioxidantes y coenzimas que ayudará a “recuperar” a quien fuese un niño “sano” y ahora “enfermo” de autismo.
El tercero: el sistema inmunológico que se presume siempre frágil en el autismo, debe de ser desintoxicado (por cuestión de fe de los “biomédicos” quienes jamás expondrán evidencias científicas comprobables, salvo, claro, en sus oscuras revistas).

La quelación es un método que fue empleado, por primera vez, en la Primera Guerra Mundial para tratar a víctimas de gases venenosos. Las sustancias quelantes son inyectadas permitiendo que las toxinas se eliminen por la orina. Es utilizada, en la actualidad, para quienes sufren envenenamiento por mercurio (en nuestro país, por ejemplo, producto de los relaves echados a los ríos por la mala minería).
Para cuando el fraude de la relación vacunas – autismo ya había sido instalado en la mente de muchos padres por los “biomédicos” y se hablaba ya de que el autismo era una forma de “envenenamiento por mercurio”, se dio una conferencia, en Texas, en el 2001, donde el Dr. Rimland, acompañado por otros pseudo-científicos de la “biomedicina”, declaró que la desintoxicación por mercurio mediante quelación por la sustancia “Endrate” era lo que debía de ser utilizado para “recuperar” al paciente del autismo.

La “historia de horror” tras esto, como la define Simon Baron-Cohen, es que la quelación puede causar daños irreversibles a los riñones y al hígado y no debe de ser usada salvo en caso de necesidad: es decir, cuando hay un real envenenamiento por mercurio u otras toxinas. No valen aquí, por supuesto, los fraudulentos exámenes de orina con lo que muchos charlatanes embaucan a los padres, para demostrar niveles de toxicidad en el autismo, y que ya reseñásemos en otro lugar.

Nuevamente, y no debemos cansarnos en repetirlo, al ser el autismo una condición del neurodesarrollo, y no una enfermedad, no hay cura.
Hace poco se celebró el Día del Orgullo Autista, donde diversas asociaciones de adultos con esta condición volvieron a pedir lo que se viene reclamando desde que empezó el movimiento por la Neurodiversidad en los años noventa del siglo pasado: que se comprenda que poseen una forma distinta, ni mejor ni peor de procesar el mundo, que son una minoría en este mundo neurotípico y que sus diferencias y capacidades deben ser respetadas y promovidas.
El verdadero “veneno” para el autismo, como constaba en el griego antiguo, viene de las flechas de quienes se aprovechan de los padres creando confusión y desasosiego. Viene de las flechas lanzadas por los “biomédicos” a cientos de niños neurodiversos cuyos cuerpos han sido destruidos por la quelación o muertos, como Abubakar Tariq Nadama, de 5 años, fallecido en el verano de 2005 en un centro biomédico estadounidense luego de ser sometido a quelantes. En la memoria de todos ellos se renueva nuestro compromiso de denunciar el fraude y de difundir la verdad científica y humana de la Neurodiversidad.

Ernesto Reaño

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