Desmontando la dieta “milagrosa”: contra los mitos sobre la neurodiversidad.

Quienes trabajamos con personas autistas y sus familias hemos escuchado hablar, con frecuencia, de la dieta libre de gluten y caseína (GFCF, por sus siglas en inglés). Se trata de otro fraude de la llama “medicina biomédica”, respaldado por dudosas investigaciones en oscuras revistas (toda la literatura “biomédica” se publica en revistas que no cuentan con los criterios mínimos que la investigación científica exige) y adornada con la promesa de “recuperaciones” del autismo (muchos “biomédicos” cuidan su clientela y ante la imposibilidad de “curar” el autismo ahora hablan de “recuperación”, aunque ninguno deje en claro qué es lo que supuestamente se recupera, hasta qué punto).

La historia de este timo se remonta hacia fines de los años setenta del siglo pasado cuando el neurocientífico Jaak Panksepp notificó que había encontrado semejanzas entre la conducta de animales adictos a los derivados del opio y niños autistas. Estableció, así, la teoría del “exceso de opiáceos” en el autismo. A comienzos de los ochentas, el bioquímico Kalle Reichelt y su colegas señalaron haber encontrado concentraciones anormales de péptidos con efecto opioide en la orina de personas con esquizofrenia y autismo. Para ellos se relacionaría con la dificultad de absorción de ciertas proteínas en los cereales y alimentos: gliadomorfina (o gluten en cereales) y casomorfina (caseína en lácteos) las cuales, inflamando el intestino, producirían los signos del autismo al pasar por los receptores de opiáceos del cerebro. En su artículo sobre las vacunas publicado en 1998, cuyo dolo reseñásemos en nuestra columna pasada, Wakefield invocó la teoría del “exceso de opioides”, con lo cual se entretejerían dos concepciones falsas sobre el autismo. Nacen y florecen una industria de productos libres de gluten y caseína y de poco fiables exámenes de orina realizados en laboratorios en Estados Unidos para buscar estas “inusuales” concentraciones de péptidos opioides.

El problema de esta dieta es el mismo que el de todos los así llamados “tratamientos biomédicos” para el autismo: no resisten ninguna réplica científica y sólo se cumplen en aquellas oscuras revistas y laboratorios donde operan sin control. Sobre las concentraciones en la orina: ningún equipo de investigadores serio las ha encontrado tal como reportan los “biomédicos”. Como señala el Dr. Fitzpatrick, “cuando los investigadores utilizan métodos rigurosos, los péptidos opioides se vuelven elusivos”. En el 2005, el estudio de Wrigth sobre la base de 155 casos no reportó relación entre péptidos en la orina y el autismo. Otro estudio (Cass, 2008) que usó técnicas de cromatografía líquida y masa espectométrica no detectó péptidos opioides en la orina de 65 niños con autismo. Otro en Florida (Elder, 2006), testeó la tesis de la dieta usando técnicas aleatorias, procedimientos de doble ciego, midiendo péptidos en la orina de 15 niños con autismo por tres meses sin encontrar beneficios. Las familias reportan ventajas que no se verifican con los estudios y la conclusión es evidente (y con ello juegan los “tratamientos biomédicos”): en el uso de esta dietas opera un efecto de sugestión en los padres (después de todo se les ha vendido la idea de que esta dieta recuperará a su hijo y que si algo sale mal será su culpa por no seguirla adecuadamente).

Un estudio de la Universidad de Rochester en el 2010, basado en el seguimiento de 18 niños durante 18 semanas: después de 4 semanas de estricta dieta libre de gluten y caseína se cambió, de manera aleatoria, con alimentos que sí contenían gluten, caseína, ambos o un placebo, manteniéndose las mismas texturas y sabores. Se demostró que no hubo cambio alguno en el comportamiento de los niños.

Lo que sí debería alarmarnos y preocuparnos es lo que sí ocasiona esta dieta, aparte de falsas esperanzas. Los neurólogos Susan Hyman y Susan Levy han encontrado que los niños que hacen esta dieta presentan deficiencias de calcio, vitamina D, hierro y proteína. En el 2008 se publicó un estudio donde 75 niños con autismo que seguían la dieta libre de gluten y caseína, al pasar por la prueba de rayos X en la muñeca, evidenciaban peligro de osteoporosis. Los que sí deben llevar dietas de este tipo son quienes presentan un desorden celiaco pero son casos contados y bien determinado por gastroenterólogos. En el autismo no hay concentraciones de péptidos opioides en la orina ni intestinos inflamados ni exceso de opioides en los receptores cerebrales ni mejoras ante la eliminación de derivados del trigo y lácteos. Porque no es una enfermedad, porque no está causada por nada que no sea distinto a la genética estándar humana. No encontramos estos “marcadores” en el autismo como, en nuestro país, no encontramos registros sanitarios de la DIGEMID para los productos y suplementos alimenticios que ofertan los “biomédicos”. ¿Coincidencia?

Ernesto Reaño

(Aparecido por primera vez aquí: http://www.puntodeencuentro.pe/columnistas/ernesto-reaño/desmontando-la-dieta-“milagrosa”-contra-los-mitos-sobre-la-neurodiversidad.html)

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