Defendiendo el Síndrome de Asperger en el Siglo XXI: Primera parte.

1944: Hans Asperger publica “Die “Autistischen Psychopathen” im Kindesalter” (“La “Psicopatía autista” en la infancia”)

1981: Lorna Wing traduce el trabajo de Hasn Asperger al inglés y acuña el término “Síndrome de Asperger”.

1994: El término ingresa como “Transtorno de Asperger” en el Manual Diagnóstico (DSM – IV) de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (APA)

2006: Se declara el “Año Internacional del Síndrome de Asperger” (Centenario del nacimiento de Hans Asperger)

2011: La Asociación Psiquiátrica Norteamericana (APA) propone eliminar el diagnóstico de Síndrome de Asperger para la siguiente edición de su manual diagnóstico (DSM – V)  el 2013.

2013: ¿?

Uno de los argumentos más poderosos para preguntarse qué tan relevante es esta categoría diagnóstica es la siguiente pregunta: ¿qué tanto se diferencia la intervención clínica y educativa al abordar el Síndrome de Asperger del Autismo de Alto Funcionamiento?

Según la APA, no existe una discrepancia relevante en los tratamientos que permita justificar la existencia de una categoría diagnóstica adicional. Puestos a eliminar, el elegido es el Síndrome de Asperger. Así, se cambiaría la constelación llamada Transtornos Generalizados del Desarrollo, conformada por:

– Transtorno Autista.
– Transtorno de Rett
– Transtorno Desintegrativo Infantil
– Transtorno de Asperger
– Transtorno Generalizado del Desarrollo no especificado (TGD-NE)

por una sola entidad: Los “Transtornos del Espectro Autista” de niveles 3, 2 y 1 (en orden decreciente, según la severidad y el soporte requerido). Dentro del nivel 1 tendríamos a lo que conocemos como Autismo de Alto Funcionamiento, Síndrome de Asperger y TGD-NE.

Hasta aquí nadie podría oponerse a la economía diagnóstica salvo por un problema generado por la misma Asociación Psiquiátrica Norteamerica: el separar al Síndrome de Asperger del resto del Autismo en su edición del DSM-IV. Este problema no se hubiese dado si a) se hubiese tomado en cuenta la historia de la aparición del diagnóstico y b) se hubiese considerado la noción de “espectro autista” que propuso tempranamente Lorna Wing en 1982.

Veamos. Mientras que Leo Kanner describió en 1943 en su artículo “Autistic disturbances of affective contact” 11 casos de niños a los que denominó como “autistas” (y que, pertenecían a una categoría que en la actualidad podríamos vincular con el Autismo “severo”; Hans Asperger, en 1944, describía la “psicopatía autista” (entendiendo por “psicopatía” lo que en la actualidad entenderíamos por “personalidad”). Asperger escribió sólo en alemán y sus trabajos fueron conocidos fuera de Austria, como hemos mencionado, tras la traducción de Wing . Hacia 1981, en Estados Unidos se hablaba ya del “Autismo de Alto Funcionamiento” (para diferenciarlo del llamado “kanneriano”, personas que desarrollaban de manera adecuada el lenguaje (salvo en los aspectos pragmáticos) y que presentaban “islas de habilidades” que los volvían muy competentes en el desempeño cotidiano) y es justo cuando aparece la nomenclatura “Síndrome de Asperger”.
Aquí ocurre el primer malentendido (pese a los esfuerzos de Wing): considerar que el Síndrome de Asperger es una entidad separa de las otras Condiciones del Espectro Autista, lo cual es falso. En sí, el Síndrome de Asperger es una variante leve del Autismo.

Y cuando el Síndrome de Asperger hace su “entrada triunfal” al DSM-IV lo hace bajo la marquesina de los Transtornos Generalizados del Desarrollo, conjunto que en sí es contradictorio, clínicamente, puesto que el Transtorno de Rett y el Transtorno Desintegrativo Infantil no comparten mayores características con el Autismo y el Síndrome de Asperger que dificultades no necesariamente similares en el campo del comportamiento social. Y, mas bien, separa en dos unidades diagnósticas diferentes a estas últimas.

Ahora, la APA busca reparar el error integrando una visión de “espectro” para la clasificación del Autismo, lo cual es correcto, eliminando luego de 19 años de incorporación al Síndrome de Asperger.

En su contribución al debate, Simon Baron-Cohen, señala algo que no deja de ser sugestivo: la psiquiatría muchas veces agrupa categorías diagnósticas sobre la base de observaciones que cree adecuadas pero que pueden estar llenas de subjetividad. De lo que se trataría es de demostrar genéticamente que el Síndrome de asperger y el Autismo de Alto Funcionamiento son iguales y recién allí adscribir uno en otro. No en base a pareceres.

Ernesto Reaño.

(Continuaremos…)

 

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