Cuidado con una “ciudad inhóspita”

La periodista Patricia Montero, a raíz de un horroroso caso, nos recuerda la espantosa realidad en que vivimos, vía su columna Ciudad inhóspita (leer en La República). Señala que la muerte del joven Josué fue precedida por las muertes de Jason Alexander y Xohana, por motivos similares. La disfuncionalidad estructural que vivimos en nuestras ciudades tiene consecuencias reales, y muchas veces horribles. Y resulta particularmente trágico cuando nos damos cuenta de cómo hemos aceptado tan lóbregas circunstancias como algo normal.

Las circunstancias siguen ahí. Nadie quiere asumir responsabilidad como autoridades ciudadanas o proveedores de obras públicas, la vida humana no se toma en cuenta, etc. ¿Alguien responderá por tales negligencias? ¿Se compensará de alguna forma a quienes perdieron familiares por descuidos que NUNCA DEBIERON HABER PERDURADO, que debieron haberse refaccionado con celeridad, por un mínimo de consideración? Toda esta espantosa realidad duele, y mucho.

Quizá alguien se pregunte qué tiene que ver esto con el espectro autista o la neurodiversidad. La respuesta es: todo. Una ciudad inhóspita no podrá garantizar el mínimo de infraestructura necesaria para que personas autistas, quienes podrían verse en mayor peligro de tales horrores de infraestructura por múltiples motivos. Una ciudad con tantas negligencias ante sus ciudadanos jamás podrá garantizar el mínimo necesario a su población. Si no arreglamos tales problemas, será imposible contar con la neurodiversidad en nuestra sociedad.

¿Asumiremos el reto, o seguiremos acostumbrándonos a la “ciudad inhóspita”?

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