Cuarentena, autismo y salud mental

El gobierno peruano ha vuelto a dictar cuarentena, la cual varía en diversas zonas del país de acuerdo a la gravedad de los contagios.

La gran ausente en esta medida es la salud mental en general y la de las personas autistas en particular. Sin cuestionar la necesidad de los cuidados y la necesidad de la distancia física en un gran número de actividades, el gobierno no ha considerado ningún plan ni estrategia para atenuar el impacto sobre el estado psíquico y emocional de la población.

Considero un error el cierre de los centros psicológicos. Equivale a cerrar clínicas y hospitales. No verlo así demuestra la ceguera e incluso desprecio a la salud mental en nuestro país. Como si el sufrimiento psíquico fuese menos atendible que el físico. Como si la ansiedad y depresión no fuesen menos mortales que un virus. Como si no se necesitasen mayores cuidados psíquicos en estos momentos.

Durante estos quince días estaré posteando una serie de consejos para sobrellevar este nuevo aislamiento tanto para las personas autistas como para sus familiares y cuidadores.
Por lo pronto, dejo las siguientes ideas:

  • Establezcamos una rutina sólida para estos días basadas en horarios y apoyos visuales sobre todo para los niños y niñas y autistas no hablantes.
  • Privilegiemos actividades basadas en los intereses profundos en las personas autistas como medio para amortiguar el impacto de una situación que atenta contra el principio de predictibilidad que requiere esta población.
  • Usemos la hora de salida para usarlos como salidas terapéuticas cercanas al hogar evitando aglomeraciones, esto en aquellas personas que lo requieran.
  • Necesitamos de cuidadores que se encuentren bien emocionalmente: no descuiden sus propios espacios de ocio y descanso en la medida de lo posible. Se trata de establecer rutinas de convivencia funcionales a cada miembro de la familia. No descuidar a miembros no autistas en casa.

Cuídense física y emocionalmente. Las secuelas psicológicas de las que no se habla serán acaso más complicadas que las el mismo COVID-19. Para ellas no hay vacuna pero sí prevención y cuidados. Ante el abandono del gobierno, organicémonos como sociedad que construya espacios que traten la salud mental para reconstruir vínculos sanos. Donde podamos re-conocernos cuando todo esto pase.

Ernesto Reaño

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