Comentando una situación sobre capacitismo y familias

Hace unos días, pude leer esta grotesca noticia: la pareja de “influencers” estadounidenses, James y Myka Stauffer, decidió dar en adopción a un hijo (en el sentido más técnico de la palabra) adoptivo autisa y con tumor cerebral debido a no tener capacidad de satisfacer sus necesidades especiales (reporte El Confindencial). Una publicación de su vlog en YouTube ofrece más detalles, sobre cómo, de acuerdo con su testimonio, sintieron bastante dolor al conocer plenamente la condición del niño adoptado, lo cual, pese al amor que le tienen, no puede proporcionar.

Fotografía de Tim Mossholder en Unsplash

El caso me lleva a pensar en más de un problema con la concepción de “tener familia” que tantas celebridades mantienen y que refleja concepciones extremadamente capacitistas de la sociedad.
Para empezar, es un acto moralmente repugnante. Consiste en, esencialmente, librarse del problema en vez de afrontarlo y ajustar la vida propia y adquirir habilidades o saberes, así como pedir ayuda, para sobrellevarlo. Como explica la activista estadounidense Shannon Rosa (ver publicación vía Twitter), resulta fundamental que las familias asuman a las criaturas autistas como seres humanos completos, no como humanos a medio completar, más todavía si consideramos el frecuente rechazo al diferente en la sociedad. No olvidemos cuántas familias carecen del poder mediático y económico de la ya mencionada pareja.

Por otro lado, también revela un elemento muy preocupante, relacionado con lo anterior. Muchísima gente parece mantener una versión extremadamente edulcorada de la crianza infantil o de formar una familia. Se piensa que, de forma “normal”, solo se tendrá que lidiar con criaturas neurotípicas o sin problemas de salud graves. Ni siquiera ocurre la posibilidad de tener un hijo “defectuoso” o “anormal”, no hay planes de contingencia. Y eso lleva a abandonos o, en los peores casos, a filicidios. Sin una preparación moral, intelectual o económica para formar a alguien “diferente”, sin siquiera contemplar dicha posibilidad, seguiremos en un círculo vicioso que perjudica la vida de muchos individuos existentes y por existir.

Sé que se trata de una idea impopular, pero debemos poner los pies sobre la tierra: la familia no es un “rito de paso”, es toda una responsabilidad. Consiste en aceptar malestares y dificultades como elementos usuales de nuestra existencia. No se trata de probar “realización personal”, requiere de una serie de conocimientos y de formación tanto cognoscitiva (afortunadamente, contamos con la posibilidad de adquirir y expandir tal conocimiento). Y, contrario a las apariencias, no basta con la existencia de sustento económico.

Una de las muchas razones por las que el caso de la pareja de “influencers” y su hijo (hasta donde sabemos) adoptivo se debe a que conozco, de primera y segunda mano, a familias que sí han apostado por sacar adelante a sus hijas e hijos, pese a múltiples dificultades. No solo hablo de EITA, hablo de otros lugares, de personas también con nuestra condición, entre otras. Sí se puede arreglar, pero requerirá cambiar cómo asumimos la realidad y la idea de formar una familia.

Esperamos que casos así de vergonzosos puedan quedar en el pasado y que surja una noción renovada de lo que significa formar una familia. Trabajemos para ello.

Mario Augusto Puga Valera

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