Coexistiendo con la desinformación

Quienes somos autistas y adultes, nos hemos topado con el mismo problema. No solo la gente suele desconocer mucho sobre nuestra condición, también tiende a creer mitos sobre cómo o quiénes somos. Por ejemplo, ¡sorprende que tanta gente desconozca sobre las personas autistas adultas o el hecho de que estas si quiera existan! Y no hablemos de mitos aun más peligrosos sobre supuestos orígenes del autismo.

Si ya resultaba frustrante desde hace mucho, ahora lo resulta mucho más, en medio de la pandemia de COVID-19. Nunca han faltado reportes sobre cadenas de WhatsApp sobre posibles “curas”, medidas autoritarias que nunca han llegado a ocurrir o, mucho peor, fomento del miedo por las vacunas actuales. Todo ello, comprensiblemente, genera extrema zozobra (más todavía, se ve relacionada con muchos problemas reales surgidos durante toda la pandemia). Y no parece haber soluciones prontas.

Al menos en teoría, se podría comprender por qué dicha desinformación tiene tanto efecto: no solo hemos coexistido con gobiernos y autoridades que nos han ocultado información constantemente, también queremos creer que hay una “luz al final del túnel” o saber que podemos acceder a esas supuestas “verdades ocultas”. Queremos tener el control sobre nuestras vidas y queremos confiar en individuos más cercanos a nuestro mundo de la vida, fuente usual de cadenas desinformativas y rumores similares. Difícil resultará afrontar el problema sin el apropiado trabajo experto, difícil conseguirlo sin admitir nuestros sesgos cognitivos.

No obstante, nos encontramos en momentos en que no estamos para juegos. Ya sea sobre la pandemia de COVID-19 o sobre las “causas” del autismo, no debemos dejar que tales infundios sustituyan la información certera y bien investigada sobre tales realidades. Tales acciones requerirán enfrentar nuestros mencionados sesgos cognitivos y aceptar situaciones tanto desconocidas en su mayor parte como, en más de una forma, incómodas. Y sabemos los trágicos resultados de campañas contra las vacunas, promociones de “curas” para la COVID-19 o para el autismo. No estamos en condiciones de aguantar las consecuencias de aceptar la desinformación.

Esperamos, muy encarecidamente, que nuestro público sepa distinguir la información real de los fraudes, así como sepa en quién confiar. Confiamos en su buen criterio.

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