Autismo y Déficit de atención e hiperactividad I

En el 2013 entró en vigencia el DSM 5 y con este la posibilidad de diagnosticar autismo y TDAH en conjunto (deberíamos deshacernos de la palabra “comorbilidad” pues remite al concepto de “enfermedad”).

Antes de la aparición de esta edición, en la literatura científica ya se hablaba de esto. Sin embargo, la práctica clínica permite hacer algunas observaciones:

  1. La estructura principal de diagnóstico siempre será el autismo, es decir, es al autismo al que se le puede anexar el TDAH y no al revés.
  2. Nunca existe un diagnóstico donde el TDAH esté “completo”, lo que observamos son rasgos que se anexan al autismo.

El TDAH pertenece, al igual que el autismo, a las condiciones del neurodesarrollo. Existen, así, muchas áreas en las que diferentes rasgos se entrecruzan. Esto ocurre con mayor frecuencia en lo que antes se llamaba “Asperger”, sobre todo en la asociación (no siempre presente) de la impulsividad, distractibilidad e hiperactividad.

En el autismo encontramos una hiperfocalización hacia los detalles de sus temas de interés. Los rasgos de déficit de atención hacen que la persona se distraiga fácilmente (de una manera más pronunciada que la habitual) cuando el tema no recae en aquellos. Asimismo, la impulsividad y la hiperactividad deben ser consideradas como rasgos anexos de un TDAH cuando sobrepasan lo que es acostumbrado ver en personas autistas de esa edad.

Hay que tener en cuenta, además, que el saldo positivo de presentar rasgos de TDAH es poseer, como dice Thomas Armstrong, “la alegría del cerebro hiperactivo”, aquel que no se contenta con un detalle y va construyendo otros, rasgo fundamental del pensamiento divergente; busca la amplitud y el deslumbramiento. Un tipo de cerebro que vive asombrado y vital, conservando de la infancia lo que los neurotípicos tienden a perder.

Ernesto Reaño

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