Algo sobre el lenguaje

“Las palabras nos dicen lo que nosotros, en tanto sociedad, creemos que es el mundo”, señala Alberto Manguel en su “Dans la forêt du miroir. Essais sur les mots et le monde”. Nunca se podrá insistir lo suficiente en la fuerza creadora del lenguaje sobre el devenir de nuestras percepciones. Desvela estructuras, matiza dolores, ilumina rendijas de insospechados patrones; lacera y da luz a nuestros pensamientos y decires.

Nuestra lengua vive en tanto que sus hablantes van bosquejando la gramática de un mundo lejano a los diccionarios, aquellos obituarios de las palabras; vida es creación y permite resignificar también, darle fuego, nuevamente, a lo que terminó en hollín.

De una palabra que habla del centramiento del ser, que cargada de ideología pudo volverse en insulto, redescubrimos una condición de vida y decimos “autista” como frontera e inicio de una nueva imaginación creadora. En “neurodivergencia” hallamos a aquellos heterogéneos que marcan la diferencia necesaria para que lo creativo perviva, para que lo estático y normal no haga que todo perezca. Sin negar las dificultades y necesidades de apoyo, nos alejamos, también, de aquellas palabras cuya ideología se revelan ajenas a las posibilidades y necesidades de cada ser: por ello no está en mí hablar de “discapacidad” salvo para marcos legales y a la espera de aquella palabra que afirme la diversidad en libertad.

“Imaginar un lenguaje es imaginar una forma de vida”, sostenía Wittgenstein; la pregunta será con quiénes querremos participar en este juego, a quiénes se lo permitiremos. De lo heterogéneo nacen siempre nuevas reglas, universos y posibilidades. E inicios.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *